sábado, 17 de marzo de 2012

Criaturas, almas, deseos, hechos para el paraíso...


Fui transfigurado por la luz celestial. También vosotros lo seréis, cuando seáis almas libres y felices. El cuerpo de luz no tiene ya defectos, ni vejez ni males. Vosotros, después del cuerpo material, tendréis un cuerpo de luz, hasta asumir el de gloria. Así aparecí Yo transfigurado por aquella luz, porque aún no había muerto, ni había resucitado, y tenía que demostrar al mundo que todo está hecho a imagen de la Trinidad, también en el hombre, que de esta manera tiene tres cuerpos: de materia, de luz y de gloria.
Como yo fui y soy glorioso, así seréis todos vosotros, el día en que para vosotros ya no haya nunca fin. Muchas cosas todavía no han sido comprendidas. Muchas palabras… Y las que se han pronunciado aún no se han interpretado de modo justo. Sin embargo, es importante que se comprenda el amor, que se viva la caridad, al mismo tiempo, por la gracia y el privilegio recibidos. Y puesto que ha llegado el tiempo de nuevas revelaciones, he aquí estas palabras de la Palabra, que pueden ser reveladoras: el hombre tiene dentro de sí a la Trinidad.
El hombre es también el espejo del Creador, que para el hombre es el creado.
Yo fui hombre y llevé sobre mí el peso de cada uno de vuestros pecados. Para poder perdonar y salvar, para decir al Padre: “Ayúdalos, sálvalos, ellos son Yo, Yo soy Tú, y todos somos Nosotros.” La humanidad está en mis manos y en mi voz. La humanidad, que ha comprendido el amor. El hombre tiene instinto, tiene voluntad, tiene carácter. La mente actúa guiada por el alma. En el hombre el amor es imperfecto. Vuestras imperfecciones son tales porque así se ha establecido que sea. Os amo como sois, pero intentad siempre ser mejores. El amor divino se os hace aún incomprensible a causa del dolor que vivís, que veis, que conocéis. En cambio, el amor divino es amor perfecto y, para haceros a vosotros perfectos, ahí están las pruebas y los dolores. El amor divino ama en vosotros sobre todo lo que es inmortal, el alma. Cada cosa está dispuesta para salvarla, hasta las penas más leves.
Criaturas, almas, deseos: habéis sido creados para el Paraíso. Este es el amor perfecto, divino. Aunque viváis tiempos amargos, aunque estéis decepcionados, aunque seáis probados, sabed que os espera la felicidad perfecta. Seréis de luz, seréis de gloria, y seréis también para siempre lo que sois: humanidad, criaturas, pero purificadas y perfeccionadas. Estaréis con nosotros y seremos nosotros. En Verdad os digo que lo que ahora os he revelado os puede hacer comprender mucho, y sobre todo haceros esperar mucho.
Tuve la cabeza coronada de espinas; vosotros tenéis vuestras espinas. Yo resucité, vosotros resucitaréis. Vosotros, a quienes se ha explicado y revelado mucho, aprended a mirar más allá de los confines del mundo.
Mirad. Allá están ellos, vuestros seres más queridos, para sonreíros. Ellos no quieren ser olvidados, sino que desean vivir con vosotros, en medio de vuestros días, mientras os preparan el futuro. Un futuro que nunca será pasado. El tiempo se acabará. Todo límite será franqueado, y nuevos horizontes maravillosos se os abrirán delante.
Vosotros. La Trinidad en vosotros. El hombre espejo del Creador.
“Maestro, antes de que Dios creara el mundo ¿qué había?” – “Dios es increado, pero siempre ha creado. No hay un antes ni un después en el mundo del espíritu, y no hay siempre ni nunca. Existe el amor, y el amor no comienza ni termina, es vida eterna.” – “No comprendo, Maestro.” – “Ningún humano comprende el infinito, Juan; pero todos comprenderán y vivirán el infinito.”

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