miércoles, 6 de julio de 2011

Criaturas que pasáis por la tierra! Si tenéis verdaderamente fe, comprenderéis que estas palabras son una continuación de la Palabra...

¡Mis criaturas!
Me manifiesto por un acto de amor; a veces, para muchos de vosotros, por un acto de misericordia, ¡y muchos de vosotros aún no comprendéis que mis palabras no son humanas y no creéis que sean Mías! De vuestro Rabí, que siendo DIOS e Hijo de DIOS, segunda Persona de la Trinidad, lo puede todo y hace cada cosa por amor y por misericordia, para salvar a las criaturas por las cuales derramó Su sangre, y que vela desde la Cruz como almas y como rostros.
Algunos de vosotros no tienen el alma tan abierta hacia el Cielo, y entonces dudan y critican... Otros de vosotros ignoran y presumen juzgar. Otros dicen que mis palabras son hermosísimas, son música, pero después no cambian de vida, no cambia su alma...
Es buena la santa prudencia; pero frecuentemente llaman prudencia a la desconfianza, al prejuicio.
Es el tiempo de los falsos profetas. Y también el tiempo en el que son más numerosos los verdaderos, los escondidos y los escogidos en el mundo; ellos que están en el mundo (y no son del mundo) estarán para salvar a la Iglesia, unidos a los buenos consagrados: ¡mis fieles consagrados que nada temen tanto como ofenderme!
¡Criaturas que pasáis por la tierra! Si tenéis verdaderamente fe, comprenderéis que estas palabras son una continuación de la Palabra; de otra manera, si no encontráis paz en estas palabras y no creéis que sea Yo, Jesús, que las dicta a un alma, para vosotros, aún el milagro no es milagro.
¡Vosotros estáis entre aquellos que buscan en otro lugar! Id entonces a esa otra parte: sois libres.
En aquel tiempo, un día Johanan Me preguntó:
"Rabboni, tú haces milagros casi todos los días ¿Por qué todavía muchos no han comprendido estos milagros?"
"¡Johanan! ¡Muchos no ven el milagro porque tienen los ojos cerrados (los ojos del alma), y si lo ven Me creen un brujo...! ¡Ellos son los que serán mis espinas...!"
"¿Qué espinas, Rabboni?"
"¡Lo sabrás un día, mi Johanan, tú que estarás junto a Mí hasta el fin! ¡Johanan, tú estás entre los que saben qué cosa es la fidelidad!
En el transcurso del tiempo, muchos que se darán a Mí como sirvientes de mi Iglesia (la que vendrá en los siglos) Me traicionarán; ¡pero habrá mis amados, mis fieles, aquellos que estarán Conmigo en todas las horas, los que morirán en la tierra por Mí y Conmigo vivirán la gloria de los Cielos! Y existirán los puros de corazón, los que tendrán sólida la fe en el alma, y estarán los justos, los santos, los buenos, y todos ellos sabrán reconocer la verdad, puesto que tendrán en sí mismos la Verdad.
Para ellos, en el tiempo, dejaré palabras que enviaré a través de los más humildes senderos, estos senderos podrán ser combatidos, envidiados, aún si por estos senderos antes de mi Voz ha pasado el dolor; pero Yo los defenderé siempre: ¡mis senderos! mis palabras, la Palabra, debería ser para todos; hay quien la rechaza: ¡y entonces será para muchos!
¡Yo he venido a morir, a padecer, a humillarme, a hacerme poner en la Cruz por todos vosotros, mis criaturas!


Johanan entonces no sabía que nunca Me habría de traicionar, pero ni siquiera pensaba en una posible traición suya, porque Me amaba verdaderamente. Pensaba que habría de seguirme siempre como los demás que, no obstante sus humanos temores y sus debilidades, Me amaban y no Me habrían traicionado.
Había uno pronto a traicionarme por dinero, y ahora lo veis todos: qué cosa es este dinero que vuelve a los hombres esclavos y ávidos.
Por eso os deseo Yo pobres de espíritu, y por esto lo repito otra vez: ¡felices los que son ricos de espiritualidad y no dan más importancia que la necesaria a las cosas materiales...!
Yo soy el Hijo de DIOS, vengo desde el Eterno por vosotros, Me hice hombre por vosotros; en estos tiempos os envío los signos propios de estos tiempos: señales para la salvación, que las envío por medio de un sendero Mío.
 No os interese a vosotros saber dónde se encuentra... A vosotros o s entren mis palabras de luz en el alma. Y, si no creéis que estas palabras sean Mías, si no creéis que Yo en el Padre, unidos en el Espíritu podemos hacer cualquier cosa, podemos servirnos de cualquier criatura y os podemos amar tanto hasta enviaros otros signos, pues bien; estas palabras de luz no son para los que son sordos en el alma, no son para vosotros...
Son para ti, que a través de mis palabras escritas por una de mis criaturas como tú, te han abierto el alma y Me has seguido.
Son para ti, que has cambiado tu vida. Son para ti que tienes la paz en tu alma, son para ti que ahora crees, para ti que siempre has creído.
Son para ti que las reconoces, ya que tú, conociéndome, Me has dado tu vida para servirme y servir a los hermanos.
Tú crees en estas palabras y Yo te sonrío: alma querida, desde el día de mi llamado, mi voz en ti ha sido siempre clara; ¡por esto crees en mis palabras y en las de tus Santos que bajan a consolarte! Estas palabras son para aquellos que saben amar; para los que son prudentes, pero no desconfiados. ¡Los que dan de sí mismos en mi nombre!
Y son para aquellos que Me buscan y ahora Me han encontrado y ya no Me abandonarán, ya que han experimentado lo que significa vivir solos en la tierra, y después vivir conmigo para ir más adelante, ¡todavía y siempre conmigo!
Estas palabras son para ti que lloras: ¡ven y serás consolado!
Son para ti que sufres: ¡ven y Yo aliviaré tus dolores!
Son para ti que estás cansado: ¡ven y reposa junto a Mí!

Mensaje de Jesús del Libro "La palabra continúa..."
 

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