jueves, 2 de agosto de 2012

El matrimonio...


¡Libertad de elección! Y... también en el matrimonio ha sido recíproca, y vuestra elección, si ha sido hecha por y con amor verdadero, con la intención de que vuestra unión durase toda la vida... terrena e infinita.
Siendo así ¿cómo podría yo, Dios de Dios y en el Padre, separar a dos criaturas que han vivido el amor recíproco y bendecido? Los que se casan muchas veces es porque nunca han vivido el amor verdadero y es sólo de ellos la elección. En el cielo vive el espíritu y después vivirá el cuerpo glorioso, y cuando dos criaturas se han amado en la tierra, se pueden amar para siempre... La elección es vuestra y sois libres más allá del tiempo de vivir con los que más os han amado y vosotros habéis amado más. He aquí la reunión de una familia que ha vivido unida la pequeña armonía de la tierra y que en el cielo vivirá la gran armonía del amor recíproco.
No temáis... ellos os esperan... os aman, os sonríen... Vuestra soledad es aparente, y en el espíritu vivís el amor que habéis elegido vivir durante la vida, toda la vida
No es un verdadero matrimonio el que se celebra en la incertidumbre, así como es un mero contrato el matrimonio sin bendición. Para los que en el tiempo que se les ha concedido  para vivir el amor recíproco, tienen verdaderamente unidos sus espíritus, no ha habido nunca separación, porque el amor los ha unido con su hilo invisible y en el Padre. Yo los he bendecido.
“La mujer que se casó con siete hombres, ¿con quien estará en el cielo?” Esa mujer no ha amado verdaderamente a ninguno de los siete maridos; no habría tenido siete si hubiera amado de verdad a uno... La unión para siempre depende de  vosotros, de vuestro amor [1].

Por eso, en el umbral de la eternidad os vendrá al encuentro quien os ha amado por siempre y para siempre viviréis el amor de vuestra juventud, la palpitación en cada encuentro, la fusión de vuestras almas, la recíproca comprensión... ¡Y seréis un alma sola! 


[1] El amor recíproco, el matrimonio, el divorcio constituyen argumentos importantes en el famoso Sermón de la Montaña, citado en el evangelio de Mateo (5-7).

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