sábado, 4 de agosto de 2012

Los Sacramentos alimentan el alma, no son meros actos o tradiciones.


¡Mis criaturas!
¡Vosotros que me tenéis en el alma sois verdaderamente mis hermanos, porque Yo, Jesús, he instituido los sacramentos para vosotros!
Y los sacramentos alimentan el alma, la dejan abierta a Mi voz, la fortalecen. ¡No son un mero acto, un gesto, o una tradición!
Cuando estáis en gracia, verdaderamente en gracia, o sea sin pecados, y os acercáis al altar para alimentaros con Mi cuerpo y Mi sangre, Yo, allí presente, vivo, Hijo del DIOS vivo que da vida a los mundos y a los Cielos, os miro como os contemplé desde la Cruz, y cuando entra físicamente en vosotros Mi cuerpo y Mi sangre: he ahí: también la hermandad de sangre, porque la Mía circula con la vuestra.
Comprended entonces la importancia de lo que dije antes y ahora repito: ¡Los sacramentos alimentan el alma! ¡No son actos o tradiciones!
La penitencia, o bien, la confesión es decirme a Mí lo que no consideráis justo en vuestro modo de pensar y obrar.
Decidme abiertamente lo que os hace sentir culpables, debéis abrir vuestra alma y... hablarme a través de uno de Mis ministros que, en esos momentos escucha por Mí lo que vosotros confesáis.
Muchos de vosotros dicen que pueden igual y directamente hablarme a Mí.
Ciertamente podéis hablarme a Mí, ¡soy el Rabí! Sin embargo, en ese hablar está el amor por Mí, la confidencia. Eso es oración y Yo la escucho pero no es un sacramento puesto que los sacramentos solamente Mis ministros pueden administrarlos: para esto sirven a la Iglesia.
¡Y, vosotros no digáis que no os gusta hablarle a un hombre como vosotros!

No es como vosotros el confesor cuando os escucha porque me remite a Mí vuestras culpas, ¡entonces no debéis juzgarlo, ni mirar quién es!
¡Es un ministro Mío, como cualquier otro ministro Mío, que me ha entregado su vida terrena, que se ha consagrado a Mí!

De su alma, Yo Me ocupo, Yo sé, vosotros miradlos siempre con afecto fraterno, con amor filial: el juicio me corresponde a Mí y a Nuestro Padre, a vosotros no debe importaros lo que ellos hacen a veces: miradlos como mediadores, porque Me sirven y os sirven, puesto que la Iglesia soy Yo, Jesús, y sois todos vosotros.

¡Mis criaturas! Hermanos que tenéis Mi sangre: ¡el Único cuerpo por el que corre la misma sangre! Y Mi sangre da vida a vuestra vida espiritual: Yo vine a la tierra materialmente, hombre como vosotros; Yo vine como DIOS a la tierra, hice milagros y he resucitado como ninguno de vosotros, aunque resucitaréis con el alma y viviréis, no resucitaréis con el cuerpo ved: Mi resurrección demuestra que soy verdadero DIOS.

¡Criaturas Mías, hermanos, permaneced en gracia, vivid en la tierra orientados hacia esa meta!
¡Yo, el Rabí, soy vuestra meta! ¡Y el mundo maravilloso es vuestra meta! Allá todos reunidos en amor, todos verdaderamente hermanos, viviréis de verdad si Me hubiereis escuchado y seguido en la tierra.
Y entonces, criaturas Mías, resucitaréis y tendréis un cuerpo de gloria al tiempo del juicio.
Ahora, al tiempo del juicio personal, tendréis un cuerpo de luz puesto que Yo, Jesús, el Hombre DIOS, ¡soy el único resucitado entre la vida terrena y la vida eterna!


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