jueves, 15 de noviembre de 2012

Toda criatura que hace una obra de amor es Mi apóstol

Mis Apóstoles no son solamente los doce aquellos; ellos fueron los primeros, luego, en el transcurso de los tiempos de la tierra, hubo otros apóstoles.

Santos hombres y mujeres que llevaron al mundo su bondad, con palabras, con obras y también con cosas materiales, y siempre con su sacrificio.

Apóstoles, las criaturas más cercanas a Mí, Mis consagrados, los mejores, los que Me conocen y creen en Mí, los padres que, como vosotros, han entregado su criatura al Cielo, porque luego de la santificación dolorosa del llanto pueden comprender mejor el llanto de otros, los que sufren en el cuerpo, los que sufren en el espíritu, Mis Apóstoles, los que aceptaron su dolor para darles un bien a los demás.
Quien no pasa por el dolor no puede comprenderlo.
A Mí no me gusta el egoísta ni el estéril. Prefiero al que se equivoca creyendo estar en el bien, antes que al que vive a cubierto, atrincherado en el mal que no hace por temor y por no arriesgar.

Toda criatura que hace un gesto de amor es un Apóstol Mío.
Recorred vuestro camino, Mis criaturas, mirándome delante de vosotros, siempre un poco más en alto que vosotros, y seguidme; nunca erraréis.
No juzguéis, nunca temáis dar a quien, según vosotros, no lo merece.
A Mí me corresponde el juicio, vosotros dad. Toda criatura merece un bien de los demás y, al actuar este bien, le abre camino hacia otras criaturas.
No basta con hablar, hay que actuar; no es suficiente rogar, es necesario obrar.
No os preguntéis cómo y cuándo. Eso lo sugeriré Yo, siempre, cada vez que quiera de vosotros una obra de bien hacia los demás.

No grandes cosas, también las cosas pequeñas pueden dar Luz.

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