– “Johanan, vendrá un tiempo en el que
haré revelaciones a una criatura de un tiempo que vendrá”.
– “¿Por que tampoco a nosotros no nos
dices lo que dirás en aquel tiempo?”
No dije lo que es para vuestros tiempos,
porque éstos son tiempos difíciles, tiempos de indiferencia, tiempos en los que
los valores morales han decaído.
Por eso, a vosotros os digo cosas
antiguas, pero nuevas para vosotros; los hombres antiguos eran más puros,
aunque ya había como siempre hombres malvados, y aceptaban principios que ahora
no se conocen. Vosotros necesitáis más, porque vivís en tiempos oscuros para la
fe, tiempos en los que los hombres creen que son libres y, por el contrario,
están atados por el deseo de poseer.
Necesitáis fe, aun no buscándola, aunque
no me busquéis a mí. Por eso os sentís solos, por eso jamás estáis satisfechos:
buscáis lo que es vano y el encontrarlo no os aprovecha al espíritu.
¡Por esto, para quienes me buscan, me
hago el encontradizo!
Sin embargo, pocos me buscan, la mayor
parte es indiferente, y vive su jornada sin pensar en el espíritu. Ahora estoy
buscando mis almohadas: a quienes encontré a lo largo del camino de mi paso
terrenal, y de este modo también vosotros que me amáis estabais allí,
dispuestos a abrirme el corazón, la almohada para mi cabeza cansada. ¡Os
conozco desde siempre! Así mientras iba, seguido por mis apóstoles, a lo largo
de los caminos del mudo, estabais conmigo; por eso ahora aún os hablo y os
revelo. El tiempo no existe para mí, y cuando vosotros lo hayáis vencido,
comprenderéis lo que para vosotros fue justo y lo que fue inútil.
Los que viven en mí, fuera del tiempo, no
están esperando, os ven vivir vuestro paso terrenal (y ésta es la comunión de
los santos) mientras, presentes en vosotros con el alma, os aman más de lo que
se puede amar en la tierra, y sin espera os esperan para que les podáis volver
a abrazar. Cuántos misterios tiene la fe para vosotros: méritos. ¡Creer sin
comprender es verdadera fe!
A pesar de todo, necesitáis certezas, que
no se os darán si no sabéis purificar vuestros corazones. También estas
palabras son certezas, ¡pero no para todos! Es un regalo discernir y ver de
esta manera la verdad. Es un regalo creer en los carismas verdaderos de estos
tiempos y comprender el milagro. Hay muchos ciegos y leprosos y paralíticos.
Ahora me sirvo de criaturas humanas, para curar espíritus y cuerpos. Me serví
de mis apóstoles y ahora me sirvo de otros apóstoles. Y os digo cosas antiguas
que os parecen nuevas y que aún no han sido reveladas.
– “Rabboni, ¡háblanos de tu reino!”
– “Andrés, es un reino que tiene
infinitos espacios, infinitas dimensiones del espíritu, infinitos los sentidos
y las sensaciones; ¡allí viviréis la felicidad hasta el infinito!”
– “Rabbí, ¡no he comprendido lo que has
dicho!”
– “No importa, Andrés. ¡Importa amar en
la tierra, orar en la tierra y este reino mío se verá y allí siempre tendréis
la vida!”
MENSAJE DE JESÚS EXTRAÍDO DEL LIBRO LA PALABRA CONTINUA
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